1815, el apogeo del artiguismo

Andresito

A lo largo del año 1814, el artiguismo se consolidó, ampliando su influencia a lo largo del Litoral. En Misiones, el gobernador Pérez Planes fue derrotado y ejecutado tras fracasar en su intento de contener la sublevación guaraní favorable al caudillo oriental. Simultáneamente Corrientes y Entre Ríos proclamaban su independencia y pidieron la protección de Artigas, lo cual dio origen al “Protectorado” o Liga de los Pueblos Libres.

La palabra “Independencia” podía ser asociada con una intención separatista. De hecho, el Directorio se mostró dispuesto a entregarle la región a Artigas como estado independiente. Por ello, en una las negociaciones previas que debían conducir a un acuerdo definitivo que nunca se concretó, se firmó un documento el 23 de abril de 1814 en él, los artiguistas dejaban explicitado que “esta independencia no es una independencia nacional; por consecuencia no debe considerarse como bastante a separar de la gran masa a unos y a otros pueblos, ni a mezclar diferencia alguna de los intereses generales de la revolución”. La idea quedaba clara: no se trataba de balcanizar a las Provincias Unidas, sino de generar las condiciones para que éstas se organizaran como una Confederación, decisión que debería ser concretada en el seno de un futuro Congreso General.

Pese a los continuos ataques directoriales, estas ideas confederativas se extendieron con rapidez, al tiempo que se acrecentaba la crisis del gobierno porteño. El 10 de enero de 1815 las fuerzas directoriales fueron derrotadas de manera contundente por los confederales en la batalla de Guayabos, y debieron desalojar Montevideo. Con ello, toda la Provincia Oriental pasaba a ser dominada por Artigas. En marzo, a su vez, se produjeron tres hechos fundamentales: en primer lugar, arribaba a Misiones como Comandante General Andrés Guacurarí y Artigas, quien como primer y significativo acto de gobierno, sacó el escudo y los símbolos de España del Cabildo de Santo Tomé, la sede de su gobierno, y puso en su lugar la flamante bandera confederal, con los colores azul y blanco, tomados de la enseña de Belgrano, a los que sumaba el rojo federal. Este acto simbolizaba la independencia de Misiones. Poco después, el 24 de marzo, en Santa Fe, un movimiento deponía a los representantes de Buenos Aires, proclamaba la independencia y pedía la protección de Artigas, quien entró poco después de manera triunfal en la ciudad. Una semana después, ocurría algo similar en la intendencia de Córdoba (que por entonces se extendía hasta los Andes riojanos) y también se incorporaba a la Liga Federal.

Jaqueado en todos los frentes, el Director Supremo José María de Alvear movilizó tropas al mando de Ignacio Álvarez Thomas rumbo a Santa Fe. Pero éstas terminaron sublevándose en Fontezuelas. Ya sin base de apoyo alguna, y con un creciente movimiento confederacionista en la propia capital, Alvear renunció y marchó al exilio. Se esperaba que Buenos Aires hiciera lo mismo que Santa Fe: se autoproclamara provincia y se incorporara a las demás como tal a la Liga allanando el camino a la convocatoria a un Congreso General. Sin embargo, un Cabildo Abierto decidió que el puerto mantendría su condición de capital y “hermana mayor”, por lo cual se procedió a proclamar como nuevo Director Supremo a Álvarez Thomas, quien inmediatamente abrió negociaciones con Artigas.

Por eso, el Protector se apresuró a solicitar el envío de diputados de cada una de las provincias de la Liga, los cuales se deberían reunir en Arroyo de la China (actual Concepción del Uruguay) a fin de negociar de manera conjunta con el nuevo gobierno central. Ese fue el famoso Congreso de Oriente, el cual, evidentemente, no tuvo como fin organizar la Confederación sino habilitar el diálogo con Buenos Aires que condujera a la convocatoria a un Congreso general, en el seno del cual se pudiera tomar la medida.

Para ello, Álvarez Thomas envió a dos representantes, Blas José de Pico y Francisco Rivarola, quienes requirieron una reunión inmediata con Artigas, tal vez para no dar tiempo a que se reunieran los representantes de las provincias. Los eventos se dieron de tal manera que cuando finalmente los representantes de las provincias arribaron a fines de junio a Arroyo de la China, las negociaciones ya habían fracasado y los dos porteños estaban navegando de regreso por el río Uruguay. Esta interrupción del diálogo se debía a la negativa de Buenos Aires de devolver las armas tomadas del arsenal de Montevideo cuando la ciudad cayó en manos porteñas el año anterior, y, fundamentalmente, a la empecinada decisión del Directorio de no reconocer la autonomía de Santa Fe como Provincia.

El hecho de que el Directorio se mostrara dispuesto a reconocer la autonomía de la Banda Oriental y las provincias de la Mesopotamia, pero no de Santa Fe no era un mero capricho. Por allí pasaba el antiguo camino real que, tras bifurcarse en Córdoba, conducía a Cuyo, Chile, Tucumán y el Alto Perú. En el tramo santafesino esta ruta se convertía en un estrecho corredor rodeado de la amenaza de los indígenas no reducidos del Chaco en el norte y de las pampas en el sur. Por ello no había posibilidad de acuerdo: Buenos Aires nunca cedería la llave comercial de las Provincias Unidas, y Artigas no podía dejar de amparar a una jurisdicción que, precisamente, había proclamado su independencia y pedido su protección militar sin que peligrara la legitimidad de toda la Liga.

Por ello, cuando el Congreso de Oriente comenzó a sesionar, ya no había mucho que discutir. Simplemente, se designó una comisión negociadora para que se trasladara a Buenos Aires a fin de dialogar con Álvarez Thomas en persona. El intento fue vano, ya que el Director Supremo no recibió a los diputados de Oriente, e incluso los mantuvo recluidos. La posterior movilización de tropas rumbo a Santa Fe marcó el reinicio de la guerra civil.

Por Mgtr. Oscar Daniel Cantero, espero para MTH