Adelante teníamos el pueblo y atrás la selva, San Vicente durante la década del 60

Municipios

Para 1961 la creciente población en el cruce de las rutas Nacional N° 14 y provincial N° 212 (actual 13), lleva a que el entonces gobernador Dr. Cesar Napoleón Ayrault, por decreto Provincial 3333, le impone como nombre Paraje San Vicente. Esto propició la llegada de nuevos colonos, los que se irían ubicando en lo que hoy conoce como área urbana, trasformando de a poco el paisaje de la selva en un pueblo.

Y a medida que esto iba sucediendo aparecían algunos negocios, ya que antes la única forma para abastecerse de mercaderías era ir a buscarlas a 2 de Mayo. Esto hizo que algunos vecinos aprovecharan esto por su transporte y realizaban negocios personales, a partir de las ventas que realizaban al llevar productos a San Vicente.

Todo esto y la llegada de los primeros negocios, en las cada vez más numerosas casas frente a las rutas daban la impresión de un pueblo que pronto se consolidaría. De igual manera tenía muchas características de un paraje misionero típico de la época, que convivía lo urbano y rural junto, claro rodeado de la selva misionera muy densa y espesa como comentan los vecinos de la época.

Debido a que algunos colonos tenían animales de granja o mataderos en sus propiedades se hizo muy habitual ver animales salvajes, que eran atraídos a los alrededores. Un caso en particular llamo la atención en 1962,[1] ya que muchos animales aparecían muertos o desaparecían, como chanchos, perros y otros. Luego de cierto tiempo se descubrió que el responsable era un yaguareté (o tigre como decían los vecinos). Debido al miedo y a que no se podía matar al animal, ya que estaba prohibido, decidieron tenderle una trampa. Mandando hacer en Aristóbulo del Valle una jaula de hierro para cazarlo.

El plan fue sencillo abrieron un camino en el monte para instalar la jaula, y un señor llamado Braulio, que vivía al lado de la oficina de tierras, le cedió un perrito para utilizarlo como carnada. De esta forma instalaron la jaula y dejaron al perro adentro (el cual no salió lastimado), el animal cayó en la trampa según lo planificado, entonces llevaron al Trajimos al tigre a la casa de mi suegro, a casa de un vecino.

La presencia del animal atrajo a mucha gente que se acercaba a verlo, incluso de Aristóbulo del Valle llagaba gente que quería ver al animal por su belleza o por mera curiosidad. Al punto que llegaron personas que decidieron comprarlo y llevarlo a su pueblo, cobrando entrada para quienes querían verlo. Según recuerdan todos, el animal fue recuperado por ecología, que multó a quienes lo tenían y por fin devolvieran a la selva al felino, en el lugar que hoy conocemos como Ruta 11, entre El Alcázar y Dos de Mayo.[2]

Mientras tanto, la comuna seguía creciendo sin importar los problemas que encontraran, los colonos seguían llegando y asentándose en el paraje, dando construcción lenta y progresivamente a un creciente pueblo que sería llevada adelante por los propios vecinos, que buscaban la construcción de un lugar mejor para su condición vida en la zona, intentando cambiar la selva por la urbanización. 

Por Lic. Marcelo Albarracin, especial para MTH.


[1]Según relatos de los vecinos como Walter Signer 

[2]Muchos de estos datos fueron provistos por el señor  Signer, Walter Roberto, en una entrevista realizada en el año 2009. Y ratificadas por las fotografías y recortes de diarios