Corsarios en el río Uruguay

Andresito

El corso era algo común a principios del siglo XIX entre los gobiernos revolucionarios que no poseían recursos suficientes para contar con flotas. Ese fue el origen, por ejemplo, de la escuadra organizada por Guillermo Brown en 1814, la cual bloqueo el puerto de Montevideo posibilitando la toma de la plaza. Artigas también empleó asiduamente este recurso: el gobierno oriental otorgó “patentes de corso” a particulares que podían artillar embarcaciones y atacar barcos enemigos (tato militares como mercantes), quedándose con parte de la carga incautada. Debían enarbolar la bandera confederal (azul, blanca y roja) y se comprometían en no atacar a aliados ni a neutrales.

En 1816 incluso se realizó una regulación general de la actividad, a partir de una “Ordenanza General del Corso” de 18 artículos, que permitía apresar barcos portugueses, y también cualquier otro buque que transportara armas y papeles oficiales de España y Portugal. Este instrumento legal no hacía más que organizar de manera más o menos ordenada una actividad que ya ve venía realizando desde tiempo atrás, tanto en el Paraná como en el Uruguay.

Los primeros corsarios artiguistas habían empezado a actuar sobre el Paraná un año antes, teniendo su base principal en el puerto de la Bajada del Paraná. Las víctimas, en este caso, eran fundamentalmente las embarcaciones provenientes de Buenos Aires. El jefe de esa escuadrilla era el francés Louis Lanche, quien atacó a las fuerzas porteñas dificultando las maniobras directoriales en Santa Fe, y facilitando, por tanto, la proclamación de su autonomía. La acción de Lanche, sin embargo, manifestó excesos que derivaron en su destitución y encarcelamiento.

Sobre el Uruguay, las primeras acciones corsarias se dieron en el marco de la campaña contra los portugueses de 1816, con el fin de evitar el avance lusitano sobre la Banda Oriental y Misiones. El comandante general Andrés Artigas tendría un papel fundamental en la campaña: debería cruzar el Uruguay con sus tropas y atacar San Borja, al tiempo que otras columnas artiguistas avanzarían sobre territorio enemigo desde el sur. Precisamente para apoyar el cruce del río por parte del ejército guaraní se creó una flotilla que fue puesta al mando del capitán Justo Yegros. Ésta estaba compuesta por dos goletas y varios lanchones equipados con piezas de artillería de bajo calibre, y fue enviada a Misiones por el propio Artigas debido a la importancia estratégica que tenía la toma de San Borja para todo el plan ofensivo. Yegros arribó a Yapeyú el 17 de septiembre de 1816, tarde para colaborar con el cruce de Andresito pero a tiempo para auxiliar en el traslado de los refuerzos de Sotelo. Yegros no pudo dirigirse de inmediato a San Borja por no haber vientos favorables y porque la fuerza del caudal del Uruguay le impidió avanzar en lo inmediato.

De hecho, el cruce del Uruguay y luego del Ibicuy por parte de las fuerzas de Sotelo sólo fue posible gracias al apoyo de la artillería de las cañoneras de Yegros. Las fuerzas de José de Abreu se movían hacia el norte y hubieran interceptado a los refuerzos guaraníes. Cuando finalmente los portugueses lograron neutralizar el fuego de las embarcaciones, las tropas guaraníes ya habían culminado el cruce.

Tras dirigirse a La Cruz para reparar los daños sufridos, la flotilla corsaria siguió camino al norte, a fin de apoyar al sitio de San Borja. Tras la derrota de las fuerzas de Andresito, nuevamente las cañoneras tuvieron un especial protagonismo al cubrir la retirada de los restos del ejército guaraní. Es probable que allí se dieran las alternativas más sangrientas del combate: en plena maniobra de repliegue, las fuerzas de Andresito fueron atacadas por la caballería de Abreu, quedando los guaraníes occidentales acorralados contra el río. Muchos fueron barridos por la artillería y la metralla, otros fueron presa de las todavía crecidas aguas del Uruguay. Incluso una de las embarcaciones, cuando ya emprendía el cruce, fue echada a pique por el fuego enemigo con todos sus tripulantes.

En los meses sucesivos, la flotilla de Yegros siguió cumpliendo la importante función de obstaculizar las maniobras portuguesas sobre el Uruguay hasta que, a mediados de 1818, fue finalmente disuelta. Para ese momento, los portugueses ya habían tomado Montevideo.

Finalmente, a las flotillas fluviales de la Bajada del Paraná y del río Uruguay, se le sumó en 1818 una tercera, que tuvo como sede se su accionar el puerto de Goya. Al frente de la misma estuvo el más conocido de los corsarios artiguistas, Peter Campbell, de quien nos ocuparemos en futuros artículos.

Por Mgtr. Oscar Daniel Cantero, especial para MTH.