Crisis yerbatera: prohibido plantar, causas y consecuencias

General

La década de 1960-1970 se caracterizó por un permanente estado de crisis agrícola en Misiones y en toda la región, dado el deterioro de los precios de los principales productos. Para fines del decenio, el productor percibía (en precios constantes) valores sustanciales menores a los recibidos al inicio del periodo. El descenso de los precios fue muy notorio para el caso del té y del tung, y menor para la yerba y el tabaco, cultivos donde resulta importante la intervención del Estado en la primera etapa de comercialización, principalmente a través de la CRYM y el Fondo Especial del Tabaco (FET).

A su vez, el costo de vida aumentó de modo sostenido en esos años, momentos en que  el pequeño y mediano productor se mantuvo a costa de un desmejoramiento de sus condiciones de vida. Desde mediados de la década del ´60 sobrevienen diversos factores críticos, que si bien aquejaban primordialmente a la producción yerbatera; impactaron sobre los otros cultivos, los que a su vez enfrentaban difíciles condiciones de mercado. La situación disminuyó las posibilidades de capitalización de los productores menos favorecidos y creó las condiciones para el surgimiento de la protesta agraria.

La política agraria del régimen del General Juan Carlos Onganía (1966-1970), enfrentó una nueva crisis de sobreoferta yerbatera, generada por la liberación de las cosechas. La CRYM -que desde 1963 recomendaba limitar las cosechas- opta por la prohibición total de la cosecha en 1966, lo que significó un severo golpe para los colonos, que desde diez años atrás venían siendo alentados por la Dirección de la Yerba Mate a replantar nuevos yerbales.

Algunos productores realizaron en 1966 y 1967 cosechas clandestinas o dispusieron del producto consignado en chacra con la idea de reponerlo luego. La crisis yerbatera persistió en estos años tanto por el vuelco al mercado libre que ofrecía precios más bajos, como por los problemas de orden financiero y económico que entorpecían el progreso de los yerbateros. El comercio exterior apareció como una opción, aunque, como lo evidencian los registros, los niveles exportados fueron mínimos y no alcanzan a cubrir las condiciones estructurales de la crisis. Además y paradójicamente; los saldos exportados no superaron a las importaciones.

El descontento ante la prohibición de cosecha fue generalizado, al tiempo que se registraron denuncias de algunas cooperativas de primer grado como la de Aguaray Guazú. La entidad expone que ciertos grupos de productores obtuvieron -gracias a un fallo judicial a favor- autorización para realizar la cosecha, demostrando que el peso de la ley no era igual para todos los productores

Esta cooperativa ha compartido desde un principio el punto de vista de las principales organizaciones gremiales de productores yerbateros en el sentido de que, al no lograrse a su debido tiempo la implementación de un sistema de cupos, es necesario sacrificar toda la cosecha 1966 para permitir una substancial reducción de los stocks acumulados en los depósitos del Mercado y posibilitar así un reordenamiento de la economía yerbatera. Consiguientemente hemos apoyado también las gestiones realizadas ante el Superior Gobierno de la Nación para lograr el decreto de “no cosecha”, acatándola luego plenamente. Nos place destacar que el 99% de nuestros asociados ha compartido nuestro criterio en este sentido. Lamentablemente algunas empresas y grupos de productores han obtenido fallo favorable en un recurso de amparo interpuesto ante el Poder Judicial contra este decreto de no cosecha, lo que constituye un antecedente altamente inquietante para quienes, como nosotros, confían en la eficacia de una regulación oficial de la economía yerbatera por intermedio de los organismos existentes.[1]

 

En los inicios de la década de 1970, la economía aun era primaria y, en Misiones, como no se había utilizado todo el espacio disponible, era extensiva más que intensiva. La situación y perspectivas de los principales productos eran desalentadoras dado que la crisis no obedecía solamente a problemas coyunturales, expresaba el carácter inadecuado de una estructura productiva basada fundamentalmente en cultivos tradicionales, cuya producción se enfrentaba con mercados que tienen una capacidad de absorción limitada. La CRYM regulaba la producción de yerba mate mediante cupos de cultivos, precios y control de la comercialización; pagaba a los productores el 60% del precio del producto, el 40% restante (la prenda yerbatera) debía ser abonada con posterioridad a la venta del producto (ajustado al precio real). El pago se hacía a través de las entidades bancarias y generalmente no se ejecutaba en tiempo y forma.

El contexto provocó el accionar gremial de los productores y del movimiento cooperativo. Las demandas estaban destinadas tanto al gobierno nacional como al provincial. La Federación de Cooperativas de Misiones (FEDECOOP) auspiciaba reuniones y convocaba a las cooperativas de la zona que participen e integren la demandas reivindicativas. La situación crítica desencadenó un descontento generalizado de los productores; no solo los yerbateros, porque el impacto de la crisis se sintió también en la producción del té y, en menor medida sobre el tabaco, es decir en todo el agro regional.

En Misiones y ante este escenario de incertidumbre hizo su aparición el Movimiento Agrario Misionero (MAM) que se constituyó en la localidad de Oberá en mayo de 1971. Las principales reivindicaciones se orientaron en mejorar los precios de los productos agrícolas y sus instrumentos de comercialización. Desde el momento de su fundación se consolidó como la organización gremial de mayor relevancia y legitimidad debido a su capacidad de movilización en toda la provincia. El movimiento surge en representación del conjunto de agricultores cuyos intereses no se diversificaban en otras ramas de la producción. No obstante, adscribieron al mismo e impulsaron su fundación dirigentes de cooperativas, entre las que se encontraban algunas de gran poder económico.

En toda la etapa descripta se percibe la crisis del agro misionero y de las asociaciones, incluso del cooperativismo yerbatero. Los registros denotan estos altibajos y, los productores de la región –particularmente los pequeños colonos- consideraban que las entidades tradicionales y de mayor tamaño en la región ya no representaban sus intereses. La crisis del movimiento cooperativo se hizo sentir y, al alejamiento de asociados de las entidades más convocante, se sumó las restricciones que tienen los pequeños productores para formar nuevas cooperativas, con características más próximas a sus realidades.

Imagen: Acción gremial de varias entidades como consecuencia de la crisis yerbatera

Fuente: Comisión Intergremial de Defensa de la Economía Yerbatera, Posadas, 1965

Por Dr. Lisandro Rodríguez, especial para MTH


[1]             Cooperativa Aguará Guazú: Memoria y Balance,  correspondiente al año 1966