El Arte Sonoro Mby´a

Contame una Historia

El rico acervo musical del pueblo Mby´a, habitante originario de la Selva Paranaense, es un tesoro cultural que viene atravesando los siglos, transmitiéndose de generación en generación con una eficacia infalible. En el contexto de esta cosmovisión indígena, los sonidos constituyen una fundamental herramienta tanto para la comunicación intracomunitaria como para la transmisión o ejercicio de su cosmovisión respecto del sentido de la vida y su trascendencia.  La original y propia organización de las texturas rítmicas y sonoras de su musicalidad responden, principalmente, al peculiar desarrollo de la perspicacia auditiva de este pueblo y a la estrecha vinculación que sostiene con la naturaleza.

Las canciones tradicionales son de autor anónimo y provienen, según testimonian, de la espiritualidad de sus hombres y mujeres más inspirados quienes, en trances de ensoñación, reciben de parte de sus deidades las palabras y los cantos sagrados.

Contexto

En la actualidad, la preexistente Nación Mby´a está distribuida en territorios pertenecientes a los países de Paraguay, Brasil, Bolivia, Uruguay y Argentina; aquí, en la provincia de Misiones, convivimos con aproximadamente diez mil personas identificadas con este pueblo, distribuidas en unas cien aldeas o comunidades que se asientan en zonas rurales o en asentamientos próximos a las ciudades en las que las actividades propias del turismo receptivo son significativas.

La interculturalidad, ese espacio de convivencia en el que es posible la integración sin renunciar a la identidad cultural propia, es un proceso que en Misiones se vive intensamente, con atención de sectores gubernamentales, educativos, sanitarios, científicos, religiosos y culturales. Al Pueblo Mby´a se le reconoció por ley de la H.C.R. como Nación Pre-existente y su religión fue admitida e inscripta oficialmente en el Registro Provincial de Cultos. Asimismo, muchas comunidades ya cuentan con servicio educativo bilingüe (en lengua Mby’a y española, niveles primario y secundario), con la inclusión de contenidos propios de su cultura en los programas educativos. Por otra parte, a través de los municipios (muchos de los cuales nombraron funcionarios que representan a las comunidades), se atiende diversos aspectos de la salud pública, la agricultura familiar, la comunicación social  y la titularidad comunitaria de las tierras, entre otros.

El Arte Sonoro, apertura y proyección

En la dinámica de este intenso y creciente contexto intercultural, el arte musical viene jugando un rol fundamental, generando intercambios, provocando fusiones, despertando conciencias a través del conocimiento emocional y estético, conjugándose en producciones artísticas urbanas contemporáneas, con las originarias.

Aunque este arte sonoro ancestral es el más antiguo entre los que se cultivan en nuestro territorio, recién a finales del S. XX comenzamos a conocerlo en tu totalidad y el proceso de incorporación de sus melodías, armonías, ritmos, instrumentos y poesía, a la denominada “Polirrimia Nativista Misionera” comenzó recién a fines de la primera década del S. XXI.

La carencia de información en esta materia, más que a la impericia de los investigadores (téngase en cuenta que ni entre los archivos musicales de los Jesuitas se encuentra registrada esta música), se debe a que los Mbya la preservaron en el ámbito de sus rituales religiosos, de exclusiva participación de integrantes de esa comunidad.

Esta estratégica conducta de supervivencia religiosa posibilitó que estos cantos sagrados conservaran hasta la actualidad su formato propio, más allá de que, desde hace unos 400 años vienen utilizando en la ejecución de sus canciones algunos instrumentos musicales de cuerdas (adaptados) obtenidos en intercambios con conquistadores y Jesuitas. Distintos investigadores coinciden en señalar las dificultades encontradas al momento de recoger información relacionada con losMbya “...el celo y el hermetismo con que cuidan sus costumbres, las que perviven en los ritos, los cantos, las plegarias, hacen que el acceso a sus producciones sea limitado...”(Raquel Alarcón, Enciclopedia de Misones, 1999); “...solo a un Mbya abrirle las puertas del Santuario,  a los otros nunca, y menos a un “Jurua”: cara peluda...”(Elena Maidana, Claroscuros de un Devenir, Enciclopedia de Misiones, 1999)

La apertura de este atesorado acervo secreto comenzó, para toda la “Nación Guaraní”, después de la primera semana de noviembre de 1998, cuando se realizó en la aldea Yriapu de Puerto Iguazú una reunión en la que participaron unos 20 líderes religiosos y caciques de los pueblos Mby´a que habitan la zona de la Triple Frontera (Argentina, Brasil y Paraguay). En ella concluyeron “ya era el tiempode mostrar nuestra cultura”. “...luego de mucho tiempo de ocultar a los blancos sus ritos, los Guaraníes comenzaron a permitir el ingreso de los no-Mbya a sus ceremonias...-Queremos mostrar que no perdimos nuestra cultura...” (La nota que registró con fotos y entrevistas este encuentro fue publicada a cuatro páginas por el diario “El Territorio”, en fecha 08-11-98, como parte del suplemento “El Domingo”, firmada por Jorge Villalba).

Por nuestra parte, como proyecto cultural nativista, recién a comienzos del año 2000 comenzamos nuestra experiencia intercultural, indagando, reinterpretando estas canciones en conciertos, organizando debates, conferencias y cursos de capacitación. En 2003 Publicamos el libro digital “El Arte Sonoro Mbya, Esa Música Soñada”; en 2005 publicamos “Rituales Paganos”, un CD inspirado en los ritmos nativistas misioneros que incluyó tres canciones en el formato originario, es decir con sus texturas rítmmicas, sus instrumentos, su lengua, sus melodías y armonías. En 2007, 2012 y 2013, en sendos Cds., continuamos proponiendo contenidos sonoros a partir de este concepto, y en 2014 publicamos el primer registro originario grabado in situ, frente a un opy o casa de oración, de 12 canciones interpretadas totalmente por un conjunto y coro Mby´a. Desde entonces y hasta el presente, la interculturalidad en el arte sigue creciendo a paso firme, a partir del respeto y la admiración de quienes participamos de estas experiencias, con el acompañamiento de una gran parte de la  sociedad misionera que trabaja día a día consolidando su identidad cultural.

Por Karoso Zuetta, especial para MTH.