El Paraná como límite

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En el presente estamos tan familiarizados con el hecho de que la cordillera de los Andes o el río Uruguay delimitan nuestro país, que pensamos que siempre fue así, que son límites “naturales”. Algo similar pasa en nuestra provincia, que se halla separada/unida al Paraguay a través del río Paraná. Sin embargo, los límites no son naturales sino construcciones históricas, acuerdos entre estados que se dieron por vía pacífica en algunos casos, y a través de la violencia en muchos otros. Así, durante buena parte de la etapa colonial el Paraná no fue una separación sino, al contrario, la más fácil forma de integración entre los pueblos de la región. Recién en la década de 1810, y como consecuencia de la revolución, en diferentes ámbitos, como Buenos Aires y Purificación, se comenzó a reconocer la conveniencia, por diferentes circunstancias, de que el Paraná fuera la línea de separación entre Misiones y el Paraguay.

Ya desde antes de la llegada de los europeos, los indígenas utilizaban asiduamente los cursos de agua. De hecho, el avance guaraní sobre las comunidades indígenas preexistentes se dio a través de los grandes ríos. Al iniciarse la conquista, el Paraná se convirtió por primera vez en un límite interno entre territorios españoles, separando los obispados y las gobernaciones del Paraguay y Buenos Aires. Pero con el arribo de los jesuitas y el comienzo del proyecto misional, el Paraná dejó de serlo y volvió a configurarse en los que ya era en tiempos prehispánicos: un elemento integrador de la región, una vía de comunicación fundamental por la que circulaban asiduamente personas y productos. El río no separaba, sino que unía a los pueblos surgidos en sus cercanías: San Cosme, Itapuá, Candelaria, Santa Ana, Loreto, San Ignacio, Corpus, Trinidad y Jesús. Pronto estos desarrollaron una identidad que los diferenció de otras comunidades que también pasaron por la experiencia misional, a tal punto que muchas veces las particularidades locales pesaban más que una identidad misionera general. La expulsión de los jesuitas no varió esta situación: los mencionados pueblos formaron un único departamento, Candelaria, que abarcaba ambas márgenes del Paraná.

Al producirse la derrota de Belgrano en 1811, todo el departamento Candelaria  pasó a la “custodia” del Paraguay. Recién entre 1814 y 1815, se comenzó a considerar la posibilidad de que el Paraná fuera el límite. Por un lado, el Director Supremo Gervasio Antonio Posadas a través de un Decreto, determinó la “creación” de la Provincia de Corrientes, anexándole el territorio de Misiones. El límite de la nueva jurisdicción no era el Tebicuarí, tradicional confín misionero desde los días de los jesuitas, sino el río Paraná. Igualmente, su repercusión inmediata fue prácticamente nula, porque nunca se aplicó. De hecho, Corrientes ya se había autoproclamado como Provincia “independiente” (es decir autónoma) y solicitado la incorporación a la Liga de los Pueblos Libres.

José Artigas, por su parte, también consideró poco después al Paraná como una línea demarcatoria adecuada. En 1815, Andrés Artigas llegó al gobierno de Misiones, y de inmediato inició la ocupación de los pueblos que aún permanecían bajo custodia del Paraguay. La resistencia presentada culminó en la batalla de Candelaria, tras la cual las fuerzas misioneras ocuparon la ribera sur del Paraná. No continuaron, sin embargo, su avance para ocupar los cuatro pueblos que se hallaban del otro lado del río. Esto posiblemente se debió a la insistencia de Artigas, quien asiduamente le escribía a Andresito que hiciera valer su fuerza, de ser necesario, para que los paraguayos reconocieran que el Paraná era el límite de la Provincia Republicana. Implícitamente, esa insistencia servía también para disuadir a los misioneros de cualquier intento de trasponer esa línea.

Obviamente Artigas sabía que el límite histórico era el Tebicuarí, pero decidió sostener la línea del Paraná por diversas circunstancias. Por un lado, buscaba limitar la hostilidad respecto al Paraguay, en quien veía un posible aliado futuro en su enfrentamiento contra el Directorio. Por otro lado, como lo había demostrado la experiencia de Belgrano, era sumamente difícil llevar adelante una campaña ofensiva del otro lado del río, al tiempo que la línea podía ser fácilmente defendida. Por lo tanto, hasta tanto mejorara la coyuntura militar en otros frentes, la mejor solución era sostener esa línea de frontera.

Gaspar Rodríguez de Francia, por supuesto, no estaba de acuerdo con la postura de Artigas. Paraguay sostenía que la provincia de Misiones estaba dentro de su jurisdicción, pero no pretendía verse enfrascado en un enfrentamiento militar inmediato. Prefirió mantenerse a la expectativa, esperando el momento adecuado para intentar recuperar un territorio que consideraba que legítimamente debía permanecer bajo la órbita de Asunción.

Por Mgtr. Oscar Daniel Cantero, especial para MTH.