El significado de la frontera en la historia de Misiones

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En 1893 el historiador estadounidense Frederick Jackson Turner publicó “The significance of the Frontier in American History” (El significado de la frontera en la Historia Americana), una obra destinada a ejercer una enorme influencia sobre los intelectuales tanto anglosajones como latinoamericanos. En ella arribaba a una conclusión irrefutable: la frontera (y su expansión) cumplieron un papel fundamental en la consolidación de los Estados Unidos como Nación. El libro también evidencia un fuerte etnocentrismo, concibiendo la expansión de la frontera como una obra civilizatoria, en la que Occidente se impuso sobre una naturaleza hostil. A partir del darwinismo social en boga en la época, los pueblos indígenas de las grandes llanuras de América del Norte fueron concebidos como claramente inferiores, casi como parte de la naturaleza: es decir, un escollo a ser eliminado para hacer grande a la Nación.

América Latina también abrazó los conceptos de Nación y expansión de la frontera, genocidio mediante, como complementarios e interdependientes. En Argentina la consolidación del Estado se relacionó, desde la óptica liberal, como el avance de la civilización del puerto, ventana hacia Occidente, sobre un interior bárbaro categorizado como “Desierto”. En Brasil se dio una operación cultural similar, vinculando el origen del Estado con el avance del Litoral sobre el Sertão.

En nuestra provincia también Turner pegó fuerte hasta tiempos muy recientes. Se generó así un mito fundacional que considera a la actual Misiones como una entidad desvinculada casi totalmente del pasado guaraní-jesuítico. Su origen estaría estrechamente relacionado, desde esta forma de ver el pasado, con la figura del pionero (el pioneer turneriano) que llegó y se enfrentó a un espacio vacío, aunque desafiante y hostil al que debió imponerse para llegar al ansiado progreso. Como todos los mitos, esta concepción parte de una realidad objetiva, pero sometida a complejos procesos selectivos, en los que la memoria se construyó también a partir de importantes olvidos. De más está decir, a esta altura, que la región nunca fue un “espacio vacío” en los últimos 10.000 años.

Frente a la complejidad del pasado misionero, se impone la necesidad de buscar nuevas acepciones del concepto de frontera, que den cuenta de la presencia de otros actores sociales preexistentes a la llegada de los europeos y fundamentales en los procesos que generaron la sociedad contemporánea. Numerosos autores hoy, antes que hablar de la frontera como el avance de la civilización sobre los espacios vacíos y “salvajes”, prefieren otra acepción del término. Frontera vendría a ser una zona de interacción, en la que termina una sociedad y comienza otra, y donde se desarrollan vínculos de diferente tipo. La forma de relacionarse puede ser violenta, pero no lo es necesariamente. De hecho, en las etapas colonial y revolucionaria, aún en los momentos de más encendido enfrentamiento, la región misionera siguió siendo zona de tránsito de productos, personas e ideas.

La región misionera durante el siglo XIX fue una zona de enorme conflictividad y complejidad, porque en ella confluyeron en realidad múltiples fronteras. Entre diferentes parcialidades indígenas, por un lado. Entre éstos y los criollos/europeos por otro. Y finalmente, entre imperios rivales (España y Portugal) inicialmente, y luego entre estados nacionales en formación (Argentina, Brasil y Paraguay). La puja entre éstos por delimitar sus respectivos territorios generó conflictos de extraordinaria violencia que se prolongaron a lo largo de buena parte de la centuria, muchos de los cuales tuvieron como escenario precisamente el territorio misionero.

Nos toca vivir una etapa claramente diferente, en la que los Estados se encaminan, con avances y retrocesos, hacia un futuro de integración y convivencia pacífica, y nuevamente Misiones es un centro fundamental de este proceso en el que la frontera sigue siendo un foco de atención prioritario.

En síntesis, aunque hoy estemos muy lejos del sentido que le dio Turner al concepto, podemos concordar en que la frontera es un elemento fundamental que atraviesa toda la historia de Misiones y forma parte de la identidad de su sociedad. Misiones ya era frontera aún mucho antes de ser Misiones. Entre campo y selva, y entre diferentes sociedades humanas ya mucho antes de que llegaran los europeos, y entre ellos, los jesuitas que le impusieran el nombre. Las comunidades que poblaron las tierras en las que los ríos se hunden en la selva siempre vivieron en cierto sentido en un cruce de caminos, lo cual hizo que su identidad de haya vinculado (y se vincule aún hoy) con la diversidad, con la convivencia cotidiana y muchas veces conflictiva con lo diferente.

Por Mgter. Oscar Daniel Cantero, especial para MTH.