Félix de Azara y la frontera misionero-riogrendense-oriental

Contame una Historia

En Misiones las referencias a Félix de Azara están presentes en diferentes lugares. Hay un pueblo que lleva ese nombre, al igual que la céntrica calle posadeña que pasa frente de la Casa de Gobierno e incluso la centenaria Escuela N°1 se llama así. Sin embargo, el misionero medio poco sabe de la vida o la labor de este complejo personaje tardocolonial.

Félix Francisco José Pedro de Azara y Perera fue un importante militar y naturalista español que llegó al Río de la Plata, en 1778, como integrante de las comisiones demarcadoras que debían precisar con exactitud por dónde debía pasar el límite, entre las colonias españolas y portuguesas. A él le tocó formar parte de la segunda comisión demarcadora, que debía delimitar la separación específica entre Paraguay y el Mato Grosso brasileño. Una misión que debía durar unos meses terminó demorándose veinte años, sin que el acuerdo definitivo se llegara a firmar como consecuencia de diversas circunstancias locales y europeas. Los largos años de inactividad del demarcador le permitieron realizar numerosos viajes por toda la región, dejando pormenorizadas descripciones de la geografía, la flora, la fauna y las características de la sociedad local que hoy son una fuente sumamente valiosa para conocer el pasado regional. También desarrolló importantes planes para detener el avance de los portugueses sobre las fronteras de Misiones y la Banda Oriental, los cuales llegaron a influir fuertemente en las decisiones políticas, sobre todo durante la gestión del virrey Gabriel de Avilés.

Entre la última década del siglo XVIII y la primera del XIX, las autoridades españolas (especialmente Avilés) parecieron tomar plena conciencia de la vulnerabilidad de la frontera rioplatense con los territorios portugueses, por lo que se intentaron diversas estrategias para consolidar su posesión del extenso espacio fronterizo oriental-misionero-riograndense.

En principio se reforzó la presencia militar en la zona a partir de la creación del Cuerpo de Blandengues en la Banda Oriental. Esta medida respondía a la necesidad de proteger de los hacendados, pero también buscaba preparar la zona para eventuales conflictos, frente a un contexto internacional que comenzaba a enturbiarse. El fracaso de la definición de límites establecida en el Tratado de San Ildefonso y el inminente enfrentamiento contra Inglaterra, hacía que España temiera un ataque en la Banda Oriental de los portugueses, aliados de los británicos. Mientras Portugal avanzaba con la permanente idea de llevar la frontera “un poco más allá”, históricamente España se confió en su supuesta superioridad militar y en la letra de los tratados, por lo a lo largo del siglo XVIII no llevó adelante una política eficaz de colonización en la frontera. En ese contexto, surgió la necesidad de acelerar el proceso de “ordenamiento de los campos”, ya que la inestabilidad social, sumada a las frecuentes incursiones de partidas de cuatreros riograndenses, convertía a la región en un punto especialmente vulnerable.

En ese contexto se hizo sentir fuertemente la presencia de Félix de Azara, sin dudas el principal intelectual que por entonces se encontraba en el Plata. Éste diagnosticó con mucha lucidez el problema y propuso una solución: ocupar efectivamente la frontera distribuyendo tierras entre medianos propietarios y al mismo tiempo protegerlos con una línea de fortificaciones. Una estrategia militar, social y productiva a un tiempo que debería asentar y arraigar en la zona a un sector de pequeños propietarios que simultáneamente sería el sostén de las milicias. Azara afirmó que de no tomarse esas medidas, las consecuencias podrían ser irreversibles. Según manifestó, “forzosa e inevitable es esta alternativa: o poblar la frontera o perder nuestros campos y nuestras Misiones.” Pronto sus temores comenzarían a cumplirse.

Influenciado por esas ideas, el virrey le encomendó al propio Azara la tarea de llevar adelante el proyecto, dando origen así a la colonia de San Gabriel de Batoví (2 de noviembre de 1800). La idea de solucionar los problemas sociales rurales a partir del reparto de tierras y la creación de una nueva clase de pequeños propietarios ejercería una profunda influencia en la concepción ideológica de José Artigas, quien precisamente se desempeñó como ayudante de Azara en su tarea. Ese, como señaló ampliamente la historiografía uruguaya, sería un claro precedente del revolucionario Reglamento de Tierras de 1815.

Las ideas de Azara, sin embargo, llegaron tarde para detener el avance portugués sobre la frontera misionera: en 1801, y aprovechando la efímera “Guerra de las Naranjas”, Rio Grande do Sul extendió sus fronteras hasta el río Uruguay, ocupando los siete pueblos orientales de las Misiones.

Por Mgtr. Oscar Daniel Cantero, especial para MTH.