Historias de Posadas: el entrañable Aguaraí

Biografias

Aguaraí, era el apodo de un ser humano maravilloso, un loco lindo: Javier Arguindegui. Eescritor de fina pluma, sus recuerdos de la Posadas antigua eran como imágenes vivas del pasado de nuestra capital. Entre los muchos reconocimientos, en el año 2014 paso a integrar la lista de los nuevos miembros de la Junta de Estudios Históricos de Misiones.

Hace varios años me compartió una carta en un papel amarillento con el siguiente texto:

Siesta “humedosa” en una Terminal cualquiera de ómnibus, en Misiones. Zumba una abeja reseca y bebe sudores del aire. Y el gentío como barcos.

La habitan fugazmente viajeros del Tirol, de sombrerito, espaldares de mochila y adorno de cantimplora; artesanos de pelos pajizos con aire de fakires de la India, mujeres con obedientes gurises en brazos; y lucen su veteranía de labores los peones de la colonia que esperan pitando; y su desenfado cifrado las estudiantes universitarias que vuelven del pago al claustro...

Un chipero agita las narices de los pasajeros de los micros, el diarero sueña las noticias que ojeó, los esperantes casi sin gestos y las vivaces promotoras de viajes terrosos... la infaltable maquinita de quiniela que le saca la lengua de papel a la Fortuna, y la mirada mustia de los cuidadores de los baños, tan parecida a la de los sepultureros...

La bordean los remiseros de Caronte, los maleteros, y los choferes despiertos que bajan con sus azafatas mal dormidas, las mozas de la confitería, algo comadronas, como sus medialunas; las cocineras baqueanas de milanesas, y la dueña al frente de la caja avara; los chicos gambetean sombras de árboles en extinción, las viejas en los bancos largos con sus misteriosos bolsos echados como perros, y sus paquetes, como gatos; los arrumacos de la primera despedida; el mate y termotanque de agua caliente versus el termolar de tereré; la espuma de la cerveza en el bigote, el diente que escasea y la charla se relame entre acentos portuñoles; ojos de colores gringos, clavículas esqueléticas, barrigas de gitanos, paloma, celular, paleta cromática diversa, babel de catingas y pensares, clara brisa de historia, catálogo de ojotas, y zapatos descalzos.

De repente silba un gorrión y se despierta un bolso, el perro defiende su territorio, espanta al intruso; el gato salta al árbol, el diarero se despierta, se vacían los vasos, se apagan los cigarros, zarpan los micros, las plataformas-muelles quedan vacías, llegan duendes perseguidos de estrellas y la Terminal ventosa y oscura se queda dormida, y sueña que es un puerto.

Por Leo Duarte, especial para MTH.