José de Abreu, el comandante que derrotó a Andresito

Andresito

Cuando los textos sobre a Andresito se refieren a sus rivales portugueses, inmediatamente se vincula esa idea con la imagen del mariscal Francisco das Chagas Santos, quien lideró los ataques a los pueblos occidentales del Uruguay en 1817. Así como otros comandantes guaraníes como Tiraparé, Sotelo o Mbaibé pasan prácticamente desapercibidos, también se ven eclipsadas otras figuras portuguesas fundamentales. El caso más llamativo es el de José de Abreu. De hecho, tanto en 1816 como en 1819 fue Abreu y no Chagas quien derrotó a Andresito. La omisión es tan llamativa que en el apartado de Wikipedia dedicado a la figura del comandante guaraní ni siquiera se menciona a este oficial.

Entre los escasos estudios locales centrados en el accionar de Abreu, se destaca un artículo de Alejandro Larguía publicado hace diez años en el boletín de la Junta de Estudios Históricos de Misiones. En él se detalla el protagonismo que tuvo Abreu en diferentes acontecimientos relevantes de nuestro pasado regional desde el estallido de la revolución hasta la batalla de Ituzaingó.

Al igual que en el litoral rioplatense, el espacio riograndense sobre el que gradualmente avanzaron los portugueses a lo largo del siglo XVIII tuvo una conformación social atravesada por un fuerte mestizaje. En este paisaje cultural nació José de Abreu en 1770 de padre portugués y, posiblemente, madre indígena. Por ello, como tantos otros comandantes de ambos lados de la frontera, hablaba fluidamente en portugués, en guaraní y también posiblemente en español, y comandaba fuerzas milicianas conformadas mayormente por indígenas. Su zona de actuación era el llamado “entre ríos” riograndense, una zona situada entre la Banda Oriental, Río Grande y Misiones. Su cuartel se ubicaba en la antigua estancia jesuítica de Ivirá Pitá, luego llamada Capela Queimada, donde hoy se alza la ciudad de Alegrete.

El prestigio de Abreu era tal que en 1811 el Capitán de Rio Grande Diogo de Souza le encomendó la delicada misión de trasladarse a Asunción para ofrecer al gobernador Bernardo de Velasco la “protección” portuguesa ante los ataques de Buenos Aires por su oposición a la Junta Provisional Gubernativa. Al mismo tiempo, esperaba la colaboración de Paraguay en su avance hacia la Banda Oriental. De hecho, fue la sospechosa presencia de Abreu el detonante de la revolución de independencia paraguaya, ya que logró unir a la elite criolla con los líderes militares en ascenso, opuestos todos a la injerencia portuguesa en los asuntos locales.

Durante las guerras artiguistas, el desempeño de Abreu fue determinante para el resultado final de la invasión portuguesa  a la Banda Oriental y las Misiones. En 1816, mientras la columna principal invasora comandada por Federico Lecor avanzaba paralela a la costa atlántica rumbo a Montevideo, Andresito llevó adelante su primera campaña a las Misiones Orientales. Las fuerzas de Chagas no pudieron contener su avance, y las tropas misioneras estuvieron a punto de tomar San Borja tras un sitio que se prolongó a lo largo de dos semanas. Sólo la inesperada llegada de Abreu con 693 hombres el 3 de octubre consiguió romper las líneas artiguistas y llevó al comandante guaraní a la derrota tras una cruenta batalla. En los días previos, la misma partida auxiliar portuguesa había conseguido dispersar a las fuerzas guaraníes de Pantaleón Sotelo en la desembocadura del Ibicui, mientras pretendían cruzar el Uruguay para auxiliar a Andresito. Tras la batalla de San Borja, Abreu retornó rápidamente hacia el sur y logró derrotar al propio José Artigas el 2 de enero de 1817 en la batalla de Arapei. Es decir que sin la decidida y rápida intervención de José de Abreu en dos frentes de guerra totalmente diferentes, a los portugueses les habría sido difícil resistir la contraofensiva artiguista.

En los años siguientes, el desempeño de Abreu siguió siendo destacado. Su posición en el centro mismo de un conflicto que se desarrollaba en diferentes frentes le permitía moverse rápidamente hacia donde su presencia fuera necesaria, por lo que en más de una oportunidad su llegada determinó la victoria portuguesa. Al producirse el segundo intento de recuperación de las Misiones Orientales en 1819, Andresito logró ocupar San Nicolás tras derrotar a Chagas, y se dirigió hacia el sur con parte de sus fuerzas para intentar establecer contacto con Artigas. Al no lograrlo, retornaba hacia el norte cuando fue sorprendido por las fuerzas de Abreu mientras intentaba cruzar el río Icamacuá. El resultado fue una derrota aplastante. Las fuerzas guaraníes se dispersaron y el propio Andresito fue apresado poco tiempo después. Trasladado nuevamente al sur, la participación de Abreu en la batalla de Tacuarembó una vez más determinó la victoria lusitana, que marcó el colapso del artiguismo en tierras orientales.

El desempeño de Abreu fue tan meritorio que fue ascendido a Brigadier al final de las guerras artiguistas, llegó a ser Comandante de las Misiones Orientales durante un breve lapso de tiempo, e incluso se le otorgó un título de nobleza: se convirtió en el primer y único Barão do Serro Largo. Veterano de veinte batallas, tras la independencia de Brasil llegó a ser Gobernador de Armas de Rio Grande do Sul.

Con toda esa experiencia en su haber, no sorprende que al desatarse la Guerra Argentino Brasileña fuera uno de los militares brasileños más importantes. Pero su buena estrella comenzó a perder brillo. Depuesto del cargo de gobernador al iniciarse la guerra, al producirse la batalla de Ituzaingó (20 de febrero de 1827) se le encomendó dirigir una columna de voluntarios con escasa experiencia en combate. Debido a ello, al iniciarse la batalla, sus fuerzas comenzaron a huir antes de chocar contra el enemigo, que ya no eran milicias guaraníes sino tropas regulares con amplia experiencia, muchas de ellas veteranas de las campañas sanmartinianas. Abreu se vio obligado a perseguir a sus propios hombres para convencerlos de volver al combate. El General brasileño Curado, viendo a los fugitivos de su propio ejército avanzando hacia sus líneas, perseguidos de cerca por la caballería argentina, ordenó abrir fuego. Entre los caídos estuvo Abreu, que fue el oficial brasileño de mayor graduación muerto en la batalla.

Por Mgtr. Oscar Daniel Cantero, especial para MTH.