Los diferentes asentamientos de San Ignacio Mini

Misiones Jesuiticas

Las ruinas que hoy conocemos constituyen sólo una etapa de los pueblos. Existen muchos lugares que podrían ser estudiados arqueológicamente y que podrían aportar importantes conocimientos acerca de la historia urbana de las Misiones Jesuíticas.

Veamos el caso de San Ignacio Miní. Este pueblo, desde su fundación, tuvo una íntima vinculación con el pueblo de Nuestra Señora de Loreto. Nacieron juntos en 1610. Debido a la gran cantidad de parcialidades indígenas que se habían concentrado en el Guayrá, huyendo de los españoles y los portugueses, los jesuitas resolvieron fundar dos pueblos. Fueron sus fundadores los padres Cataldino y Masseta. “Un muy buen acuerdo fue ir buscando por el río las mejores y más espaciosas tierras y hallándolas cuales las buscaban hicieron alto y tomaron asiento en el Pirapó de donde enviaron a llamar los indios circunvecinos que se vinieron a poblar allí porque hasta el Pirapó se puede ir con canoa y balsa muy seguramente y sin riesgo y de allí hacia arriba lo hay muy grande por los arrecifes y saltos del río. En fin de la primera sentada y concierto se apalabraron y dieron su nombre para hacer dos pueblos. Uno en el mismo Pirapó de tres mil indios que contados con sus mujeres e hijos y toda chusma a seis cada casa son dieciocho mil almas y luego el río arriba como ocho leguas se había de poblar otro pueblo de otros dos mil indios que será de doce mil almas” (Cartas Anuas Tomo XIX, 1927, P.495).

Hacia 1613 San Ignacio (todavía no se incluía el Miní) y Nuestra Señora de Loreto cambiaron de sitio. La idea era que estuvieran más rápidamente comunicados entre sí, tuvieran mejores lugares para chacras y posibilidades de pastos para ganados. En la nueva ubicación, cercana al río Paranapané, se decidió construir mejores iglesias. Durante  1629 el gobernador de Paraguay, Luis Céspedes Xeria, en su paso por los pueblos, certificó el estado de los mismos. Pero en septiembre de 1631 San Ignacio y Loreto debieron emigrar. Se trasladaron doce mil indios cerca de  mil doscientos kilómetros. Llegaron en 1632 a la zona donde estaban los pueblos de Encarnación de Itapúa, Corpus y San Ignacio Guazú. En 1635 recién se ubicaron sobre el arroyo Yabebirí. San Ignacio, ahora Miní, al norte y Loreto al sur.

Los de San Ignacio se “pusieron adonde da el Yabebirí vuelta de nortea sur” y el pueblo de Loreto se asentó en el lugar llamado El Paso, donde se cruzaba el arroyo cerca del río Paraná.

Durante 1641 se trasladó Nuestra Señora de Loreto un poco más arriba de donde estaba. “Llevamos la Santa Reliquia de Nuestra Señora de Loreto [seguramente la que trajo Ruiz de Montoya desde Buenos Aires y que viniera de Loreto (Italia] al otro pueblo nuevo que poco más o menos de media legua está lejos de este pueblo de Nuestra Señora de Loreto” (AGNA Sala IX, 7-1-2).

En poco tiempo más se trasladó San Ignacio Miní a una legua y media de distancia en sitio más alto, a tres leguas del río Paraná. En un mapa, dedicado al padre general Vincentio Carrafa,  aparece Loreto, y un poco más arriba, San Ignacio. Están sobre la misma margen izquierda del arroyo Yabebirí. Es que del otro lado del arroyo estaban San Carlos, San José y Corpus. Desde 1653 también Candelaria.

En este último año Loreto volvió al lugar llamado El Paso. Hacia 1656 también se mudó San Ignacio Miní acercándose al Paraná.

Para ubicar a Santa Ana que venía de la margen derecha del Paraná se trasladó San José a su lugar definitivo. Asimismo ocurrió con San Carlos. Este se corrió a las cabezadas del río Aguapey. Candelaria se ubicó en su lugar definitivo en 1665.

Nuestros pueblos tardaron más en mudarse a sus lugares definitivos. Loreto lo hizo en 1686 y San Ignacio Mini en 1696[1].

 

[1] Levinton, Norberto. (2009) San Ignacio Miní: la identidad arquitectónica. Buenos Aires, Contratiempo Ediciones.

Por Dr. Norberto Levinton, especial para MTH