Los guaraníes y la ocupación portuguesa de las Misiones Orientales en 1801

Andresito

Luego de una etapa caracterizada por una innovadora política conciliadora entre España y Portugal a mediados del siglo XVIII, al aproximarse el final de la centuria se produjo un nuevo cambio de rumbo, iniciándose una escalada bélica en la que los reyes ibéricos se convirtieron en  actores secundarios de la larga y compleja conflagración europea que marcó el cambio de siglo.  En este prolongado conflicto los principales contendientes eran Inglaterra, que vivía el inicio de su Revolución Industrial, y la Francia republicana que, de la mano de las victorias de Napoleón, parecía invencible.

Como había ocurrido a lo largo del siglo XVIII, los cambios políticos en Europa influyeron fuertemente en la región misionera. Así los conflictos y los acuerdos firmados a diez mil kilómetros influían de manera directa en las fronteras rioplatenses, y especialmente en Misiones. El descenso demográfico, la crisis económica, la decadencia política y el debilitamiento militar que afectaron a las reducciones en las décadas posteriores a la expulsión de la Compañía de Jesús crearon condiciones que facilitaron el avance portugués, que se materializó en 1801 con la ocupación de las Misiones Orientales.

Este hecho es recordado por la historiografía regional muchas veces con características épicas, incorporando diversos episodios rebosantes de fantasía. Se suele afirmar que a la invasión de las tropas portuguesas se le opuso una heroica resistencia de los guaraníes locales que tenían un odio ancestral hacia los lusitanos, herencia de la etapa jesuítica. Incluso se refiere que un joven Andrés Guacurarí habría participado de la defensa de su pueblo, San Borja. La evidencia documental, sin embargo, muestra un panorama bastante diferente.

El estallido de la breve Guerra de las Naranjas en 1801 fue aprovechado por un grupo aventureros gaúchos liderados por José Borges do Canto y Manuel Santos Pedroso (con el conocimiento y el apoyo del gobernador de Río Grande) para ocupar los pueblos misioneros ubicados al este del río Uruguay, las disputadas Misiones Orientales. Las defensas prácticamente se diluyeron. Las escasas fuerzas españolas fueron desbordadas y los guaraníes no opusieron demasiada resistencia a los invasores. De hecho, muchos indígenas se habían contactado con ellos con anterioridad, prestaron colaboración, e incluso algunos líderes locales solicitaron formalmente la anexión a Rio Grande do Sul en un desesperado intento por salir de la prolongada crisis que atravesaban los pueblos.

Los contactos previos con los líderes guaraníes orientales y el manejo de su lengua por parte de Maneco Pedroso y otros “invasores”, así como el conocimiento de las características culturales de la región, hizo posible que el avance fuera rápido y eficaz. Los catorce integrantes originales de la expedición de Borges pronto sumaron numerosos voluntarios, así como caballos proporcionados por la población local, que consideró ingenuamente que depender de los portugueses no podía ser peor que el dominio español. San Miguel cayó tras ser sometido a un sitio de cinco días. Los restantes pueblos orientales (San Luis, San Nicolás, San Juan, San Lorenzo, Santo Ángel Custodio) fueron ocupados sin mayores inconvenientes por los riograndenses, que finalmente llegaron al pueblo más meridional de las Misiones Orientales: San Francisco de Borja. Es muy poco probable que Andresito haya participado en la defensa de la plaza debido a que, por lo que se sabe, no se encontraba por entonces en la zona sino en la Banda Oriental, incorporado ya al entorno de José Artigas. De hecho, ni siquiera hubo tal resistencia: los guaraníes sanborjenses se pusieron a favor de los riograndenses y apresaron ellos mismos a los funcionarios españoles locales, que fueron entregados maniatados al enemigo.

De esta manera, Rio Grande do Sul llevó de hecho sus límites hasta el río Uruguay. Los mismos guaraníes que temerariamente habían enfrentado a españoles y portugueses medio siglo antes en la Guerra Guaranítica, ahora colaboraban estrechamente para que ello fuera posible. Evidentemente, la frontera misionera de principios del siglo XIX era un escenario ambiguo, y lejos estaban los guaraníes de sentirse plenamente identificados con los españoles o los portugueses. Buscaban, en todo caso, mantener su identidad cultural, y sobrevivir colectivamente a los vertiginosos cambios políticos de la época. Las decisiones tomadas por sus líderes no siempre estuvieron exentas de contradicciones, conflictos y cambios de rumbo, a primera vista difíciles de explicar.

Por Mgtr. Oscar Daniel Cantero, especial para MTH.