A medio siglo del poker de Roly de Andrade para Guaraní

Biografias

Hace 50 años, el sábado 15 de febrero de 1969, Guaraní Antonio Franco le ganaba a Lanús 4 a 3 por la primera edición de la Copa Argentina. El partido se jugó en cancha de Chaco For Ever por la suspensión del estadio de Villa Sarita y la nota destacada la dio Rolando de Andrade, al anotar los cuatro goles franjeados. Una historia que merece ser recordada.

A fines de la década del 60 hubo una apertura del futbol de AFA hacia el Interior. Don Valentín Suárez, por entonces presidente de Banfield, -luego lo fue en Viamonte 1366-, proyectó los torneos Regionales y la Copa Argentina, que fueron aprobados por la Casa del Fútbol.

En 1967, Guaraní jugó el primer Regional como campeón de la Liga Posadeña, pero fue rápidamente eliminado por For Ever al perder los dos encuentros: 1 a 0 y 3 a 0. Al año siguiente, ya con el gran “Tito” Cucchiaroni como técnico, estuvo a punto de dar el gran golpe. Dejó en el camino a Sportivo Urquiza de Paraná 3 a 1 y 1 a 1. En semifinales de zona, enfrentó a Belgrano de Córdoba. En Posadas fue 0 a 0, atajándole Santiago Duarte un penal a Juan Carlos Mamelli, figura del “Pirata” y más tarde de Nacional de Montevideo. En la revancha jugada en el Barrio Alberdi, todo estaba igualado a poco del final, pero apareció Antonio Syeyyguil para el 3 a 2 que provocó la eliminación misionera.

Allí comenzaba una interesante etapa que desembocaría en el primer Nacional 71. Pero un par de años antes, en febrero de 1969, arrancó la primera edición de la Copa Argentina. Guaraní eliminó en la fase previa a Patronato de Paraná. En Villa Sarita recibió en dos partidos a Gimnasia y Esgrima La Plata dirigido por José “Puchero” Varacka a quien derrotó 2 a 0 (Fabián Ricardo Benítez y Francisco Medina) y luego empató 4 a 4 (Corazón Lescano dos, Roberto Defrance y Rodolfo Oscar Núñez de penal), en partido con incidentes, cinco expulsados y un penal detenido por Romera (compañero de pensión en La Plata de nuestro “Finito” Gehrmann) de los platenses.

Llegó Lanús con la dirección técnica de otro grande, Héctor Guidi. Guaraní que había perdido por expulsión a “Cacho” Benítez, Sinforiano Giménez Díaz y Carlos Gómez, cayó 4 a 0, con nuevos incidentes que pararon el partido durante siete minutos por parte del árbitro Aurelio Bossolino. La reiteración de los desórdenes, hizo que se suspendiera la cancha de Guaraní y que la revancha se llevara a Resistencia, jugándose el 15 de febrero en For Ever.

Y allí se produjo el póker de Rolando de Andrade. Roly había llegado a préstamo de Brown, equipo con el que en 1968 se había consagrado goleador del torneo liguista con 24 tantos, superando por uno a Walter Albino Bogado, de Mitre, que el 9 de julio de ese año le había quitado un largo invicto al legendario Amadeo Raul Carrizo, en el empate 2 a 2 con River Plate, cuando la inauguración del estadio del Barrio Rocamora.

“Tito” Cucchiaroni dispuso que Roly arrancara en el equipo titular y fue una pesadilla para la defensa de Lanús. Anotó los cuatro goles en la victoria 4 a 3 que no alcanzó para clasificar por la diferencia de Posadas. Le anularon uno que entendió era legítimo y sobre el final estuvo muy cerca de convertir otro. Los tantos granates los anotaron Quevedo, De Mario de penal y Silva.

El protagonista de aquella jornada en la noche de avenida 9 de Julio 2222, estuvo de visita en Fórmula Tuerca y todos los deportes que se emite por Radio A, y nos dejó reflexiones de su “cuartetazo”.

“Mi llegada a Guaraní fue después de jugar un amistoso con San Miguel y lo ganamos en Villa Sarita. Ahí comenzaron las tratativas para el préstamo por un año. Empecé a entrenar, había un equipo formado y tenía que esperar mi momento. Para la revancha con Lanús, “Tito” se jugó, yo me esforcé y salió bien. Había estado a punto de jugar el partido anterior, ya que se había lesionado Corazón Lescano, pero se recuperó y seguí en el banco”

“El viaje a Resistencia fue todo una odisea. Fuimos en autos particulares de los dirigentes. Por aquel entonces el pavimento era muy escaso y comenzaba cerca de Itatí. Pasar los arenales del Bajo Vedoya demandaba un buen tiempo para llegar a Chaco, ya que, además, no estaba el puente y se cruzaba en balsa el río Paraná”.

“Jugamos con mucha decisión y un poquito de bronca. Un inadaptado que tiro una botella, privó a Posadas de ver el partido. Salimos de entrada a morder en todos los sectores del campo. “Tito” me dijo que no me vaya a dejar absorber por las marcas, estaban (Osvaldo) Piazza, Sabella, Capurro. El arquero era Ballesteros, en el segundo tiempo entro el otro Piazza (Hugo). Que corriera por los laterales, siempre picaba al vacío y en muchos momentos arrastré la marca”.

“En aquel partido en realidad fueron cinco goles. Me anularon uno cinco minutos antes del primero que fue a los 43 del tiempo inicial. Vino un centro de Fabián Benítez, me elevé y cabeceé, fue al ángulo. El árbitro (José Filacchione) lo anuló porque supuestamente me había apoyado en Sabella. El muchos años después técnico de la selección argentina, aparentaba ser una persona liviana, pero los peores golpes los recibí de él, era muy vivo y pedía disculpas después de cada patada que daba”.

“A los 43m se escapó Fabián, lo cruzaron entre dos, tiró el centro “Cacho” Núñez, parecido al primero, cabeceé y la pelota dio en el travesaño, metiéndose tras el arquero, fue la apertura. Enseguida por un error nuestro, Quevedo llegó al empate a los 44m. Tras los dos primeros, nos empataron enseguida”

“En el segundo tiempo una jugada de “Patito” Brítez a los 9m me habilitó entre dos jugadores, piqué a espaldas de los defensores, rematé, devolvió Balleteros y en el rebote convertí el segundo. Nos volvieron a empatar por un penal cometido por Carlitos Gómez, A los pocos minutos cerca de los 20m, “Patito” limpió a dos rivales por izquierda, el centro lo tiró “Cacho”, me adelanté a dos defensores, la peiné y fue el 3 a 2. Enseguida, al minuto, nos empató Silva. A los 30m, en una jugada que fue como un blooper. Sabella intentó rechazar con tan mala suerte que la pelota le pegó a Capurro, entre en medio de los dos, salió Piazza, miro donde estaba parado y la toqué a la “ratonera” para señalar el cuarto. Ese gol lo celebré como ninguno de los tres anteriores. Me trepé al alambrado, me lastimé una mano, estaba seguro que era el del triunfo. Aunque después llegó la posibilidad del quinto. La cancha estaba húmeda, remató “Cacho” rebotó en Piazza y a un metro del área chica, rematé fuerte, la pelota dio en el travesaño y se fue afuera”

“Cuando estábamos 1 a 1, se me cruzaron Sabella y Caputo u Ostúa, no recuerdo bien. Uno me pegó en la rodilla y el otro a la altura del estómago. Estuve fuera de la cancha varios minutos, me atendió el doctor Amarilla. Me acuerdo que le hizo señas de cambio a “Tito”, pero me apuré para que no lo hiciera porque Corazón ya comenzaba a moverse. Estábamos del otro lado del banco, lo agarré de los tobillos a Amarilla para que no se apuraran y pude seguir. La primera pelota que toco, fue el segundo gol. Me costó varios minutos recuperarme, me siguió doliendo casi una semana el golpe de Sabella”.

“El equipo técnico además de Tito, estaba compuesto por don Atanasio Bossi como asistente, don Enríquez como kinesiólogo (gran fumador, entraba corriendo a la cancha con su boquilla en la boca), Juan Carlos Amarilla, presidente y médico”.

“Al término del partido, ya en el hotel, José María Muñoz lo llamó a “Tito” Cucchiaroni para felicitarlo y hablar del triunfo por Radio Rivadavia. Después me entrevistó y me dijo que según sus estadísticas (Juan José Lujambio), era la primera vez que un jugador de un equipo del interior le hacía cuatro goles en partido oficial a uno profesional. Le agradecí en nombre del equipo, de los dirigentes, de mis familiares y amigos que me permitieron estar en este encuentro, que fue el más importante de mi vida”

“A la vuelta, al día siguiente como a las 14, había un kilómetro de autos esperándonos de este lado del Bajo Vedoya. Era impresionante la fila. Estábamos en el Mástil de Mitre y Uruguay y los últimos recién girando en La Rotonda. En la cancha, que estaba abierta, dimos una especie de vuelta olímpica”.

Guaraní formó en ese partido con: Duarte, Gómez, Zarate, Castillo y Defrance; Núñez, Recalde y Benítez; Medina, J. Brítez y De Andrade.

 

Textos e imágenes gentileza de Carlos Garcí Coni y Fórmula Tuerca.