Nicolás Aripí, ¿el último Comandante General guaraní de Misiones?

Andresito

Durante la etapa artiguista, entre 1815 y 1820, se sucedieron en el gobierno de Misiones tres Comandantes Generales guaraníes: Andrés Guacurarí, Pantaléon Sotelo y Francisco Javier Siti. Existe, sin embargo, un cuarto líder indígena, Nicolás Aripi, que se proclamó Comandante General, aunque lo fue por un breve tiempo y no fue reconocido como tal por las jurisdicciones circunvecinas de Paraguay y Corrientes, que anhelaban aprovechar el vacío de poder creado por la derrota de José Artigas y la muerte de Francisco Ramírez para anexar el territorio de Misiones. Por ello, su condición es dudosa, ya que careció del necesario reconocimiento externo y gobernó en una pequeña porción del antiguo territorio misionero.

Francisco Javier Siti, frente al debilitamiento de Artigas, a mediados de 1820 tomó la polémica decisión de pasarse a las filas del entrerriano Francisco Ramírez, lo cual le restó el apoyo de muchos comandantes indígenas. El principal objetivo del nuevo comandante era recuperar en la medida de lo posible la prosperidad perdida por causa de tantos años de guerra. Para ello, pretendía reocupar los abandonados pueblos y reimpulsar la actividad yerbatera. Como comandante del Paraná fue enviado Nicolás Aripí, quien se instaló en las inmediaciones de San Ignacio, desde donde dirigió la explotación yerbatera de la zona. Sus partidas lograron poner en actividad nuevamente el reservorio silvestre de Ñu Guazú, en las cercanías del actual Campo Grande.

Cuando se produjo el enfrentamiento entre Ramírez y el Comandante General Siti, con su posterior derrota y exilio en San Miguel, Aripí permaneció en su posición sin participar de los enfrentamientos. Al terminar del conflicto, se mantuvo como Comandante de San Ignacio, ahora dentro del departamento Misiones de la naciente República Entrerriana.

A mediados de 1821 se produjo el enfrentamiento entre Santa Fe y Entre Ríos que trajo como consecuencia la muerte de Francisco Ramírez y la desaparición de la efímera República Entrerriana. A partir de la revolución del 12 de octubre, Corrientes declaró su independencia, es decir, proclamó la recuperación de su autonomía tras lo cual se sancionó una Constitución Provincial. Las pretensiones territoriales correntinas incluían la ocupación de Misiones. Una vez recibidas las noticias, sin embargo, Aripí no manifestó su subordinación al nuevo gobierno, como se esperaba, sino que también dejó implícita la consideración de Misiones como una provincia autónoma, ya que se autoproclamó “Comandante General de Misiones”.

Evidentemente, sin apoyos exteriores y ejerciendo una limitada influencia que se reducía a la margen sur del Alto Paraná, la posición de Aripí era sumamente precaria. Posiblemente por consejo de Aimé Bonpland, por entonces instalado en las estribaciones del Cerro Santa Ana, el Comandante buscó apoyo en el gobierno del Paraguay. Para ello le escribió al Supremo Dictador Gaspar Rodríguez de Francia una carta en tono conciliatorio, en la que ponderó la condición de “provincias hermanas” que tenían Paraguay y Misiones por su historia compartida.

Francia también conocía la precaria situación de lo que quedaba de la Provincia de Misiones, y lejos de buscar ejercer un protectorado, creyó que era una inmejorable oportunidad para recuperar la porción del departamento Candelaria que le había arrebatado Andresito en 1815. Inmediatamente le escribió al comandante de Itapúa, requiriéndole que atacara los enclaves guaraníes de Candelaria y Santa Ana, considerando a sus pobladores como intrusos y bandidos que estaban ocupando territorio de su República, y que tenían la osadía de considerarse una “provincia hermana”, lo cual, para él, constituía una simpleza de indios. Como consecuencia de los ataques, los asentamientos fueron destruidos. Bonpland fue apresado y llevado a la otra orilla del Paraná, mientras Aripí logró escapar hacia territorio brasileño donde, al igual que un año antes sucediera con Siti, sería recibido por el comandante Chagas.

De hecho, Airpí siguió dirigiendo partidas que explotaban los yerbales silvestres de la Sierra Central de Misiones, aunque a partir de 1822 la yerba que producía era transportada hacia el Brasil. Siti y Aripi siguieron residiendo en los pueblos orientales, hasta que en 1828 apoyaron la recuperación realizada por Fructuoso Rivera de la zona, tras lo cual se trasladaron junto a decenas de familias misioneras hacia el norte de la flamante República Oriental del Uruguay.

Los conflictos fronterizos de principios de la década de 1820, complejos y difíciles de reconstruir documentalmente, parecen tener a primera vista una importancia meramente anecdótica. Sin embargo, revelan algunos elementos importantes para entender el funcionamiento de los liderazgos indígenas y, fundamentalmente, las relaciones de la provincia guaranítica de Misiones con el mundo hispano-criollo. Aunque diversos líderes regionales como José Artigas, Francisco Ramírez y Estanislao López reconocieron la importancia estratégica de la provincia de Misiones, y requirieron del apoyo militar de los guaraníes, la consideración que cada uno tenía hacia la región y sus habitantes era diferente. Casi siempre se trató de una suerte de Protectorado dependiente, en el que determinados líderes étnicos fueron intermediarios entre las comunidades locales y un poder externo y superior. Los líderes que buscaron una mayor margen de autonomía y autodeterminación, invariablemente terminaron perseguidos, derrotados y exiliados.

Por Mgtr. Oscar Daniel Cantero, especial para MTH.