Tareferas: las voces bajas de las protestas yerbateras (2000-2002).

General

A principios del año 2000, se inició en la Provincia de Misiones un abierto conflicto agrario en el complejo yerbatero que enfrentaba a productores primarios de yerba mate con la burguesía agroindustrial molinera. Conflicto, que dio lugar a una serie de movilizaciones colectivas de productores de yerba mate, conocido como “Paro Verde”.

La medida de fuerza llevada a cabo por productores de yerba mate, reviste gran importancia para comprender las recurrentes y actuales movilizaciones tareferas en la provincia, puesto que en el año 2000 también tuvo lugar la emergencia de las primeras acciones colectivas de tareferos y tareferas, marcando el inicio de un período de conflictividad abierta (2000-2002) en el marco del cual aquellas movilizaciones continuarían desarrollándose hasta la actualidad, aunque interrumpidas por la pandemia de COVID-19.

Adentrándonos exclusivamente en el grupo de cosecheros de yerba mate, notamos que en medio de las protestas de tareferos/as, “aparecieron” las figuras de las mujeres cosecheras de manera novedosa y espontánea para los medios de comunicación locales. Las mujeres y los/as niños/as eran los principales protagonistas de las marchas, las ollas populares, los acampes e incluso en las asambleas públicas. Aun así, no hay ningún reconocimiento del papel activo de las mujeres, ni como concepto ni como realidad. Se desestimó la fuerza que las mujeres aportaron a la lucha, con su número, entusiasmo y “esperanzas de un futuro mejor”, tal como lo expresan ellas.

En efecto, no fueron presentadas en ningún trabajo académico que aborda el conflicto social agrario y la emergencia de las movilizaciones tareferas. A la vez que, en los periódicos aparecieron después de las figuras masculinas, como en “segundo plano”. Su participación como agente político fue desestimada e invisibilizada a pesar de ser “visible”, adquiriendo sobre todo un abordaje sensacionalista en especial la imagen de la tarefera madre y con niños/as en las protestas, potenciado por un discurso moralista sobre compasión hacia los más débiles en palabras de agentes sanitarios locales y periodistas.  

Sin embargo, a pesar del abordaje sensacionalista que adquirió la figura de la mujer tarefera, esa visibilidad dejó al descubierto el elevado porcentaje de trabajo infantil y el gran número de embarazos en niñas tareferas. Niñas de 12 años en adelante con 9 meses de embarazo protestaban junto a sus familiares por  “Planes Trabajar”. Los casos emblemáticos y trágicos fueron el de una niña de 13 y una adolescente de 17 años (yamadre de un niño de 2 años) que casi dieron a luz en el medio de una protesta de centenares de tareferos/asen la Plaza 9 de Julio de Posadas. La decisión de permanecer en la plaza hasta los últimos minutos antes de parir y luego volver con los recién nacidos, desnudó la cruel realidad por la que atravesaban miles de familias dedicadas a la cosecha de yerba mate, las que necesitaban permanecer en las carpas con la esperanza de recibir algún tipo de asistencia social por parte del gobierno y alimentos por parte de la sociedad civil posadeña. La hermana de una de las adolescentessostuvo: «ella va a tener que volver a la plaza, porque si vuelve a Oberá, se va a morir de hambre» (Misiones Online 13/7/2002). A esto se suma, la notoriedad pública porparte de los medios de comunicación que adquirió el elevadoíndice de embarazos no deseados, abortos y mortalidad materna en el sector agrario, especialmente en los estratos más bajos(Misiones Online 3/10/2000; 11/6/2002; 13/7/2002).

Una investigación posterior (Haugg, 2015) permitió problematizar que algunas de las consideradas voces bajas –femeninas– de las protestas y acampes solo fueron escuchadas con posterioridad, cuando fueron empujadas a recordar y así  expresar que “ciertos” reclamos habían sido dejados de lado, porque primaban otras consignas que aludían a necesidades inmediatas, a “acciones más urgentes”. Estos reclamos dejados de lado atendían específicamente a la disconformidad de una menor paga al sexo femenino; a las condiciones precarias de transporte y estadía en los lugares de trabajo; a una maternidad no asegurada en los lugares de trabajo; a trabajos forzosos en etapas de gestación; al trabajo en “negro” e inseguro; a la imposibilidad de acceder o continuar con la escolaridad de sus hijos/as, entre otros.

Al hablar con las mujeres nos fue posible identificar “discursos ocultos” donde expresaban disentimientos frente a las normas dominantes y no únicamente la búsqueda de asistencia social por parte del gobierno de turno. Tal vez, el apoyo a consignas generales no fue por una necesidad de sumisión pragmática como sucedía con los productores,[1] pero si como una estrategia de dominio basada en significaciones compartidas, que otorgaban a los varones el lugar que ellos pretendían ocupar: padres de familias, voces decisivas, los más fuertes, los que van al frente, entre tantos otros.

En definitiva, esto nos lleva a preguntarnos, parafraseando a la cientista india Gayatri Spivak, ¿realmente puede hablar el/la subalterno/a?

Por Lic. Diana Haugg, especial para MTH.

Bibliografía y fuentes:

Haugg, D. (2015): “Cosechando penurias”: una aproximación al estudio de una clase social sexuada. La feminización del asalariado agrícola en la cosecha de yerba mate. Oberá, Misiones, Argentina (1991-2001). Tesis de Licenciatura en Historia. FHyCS-UNaM. Inédita.

Misiones Online3/10/2000, Posadas, Misiones

Misiones Online11/6/2002, Posadas, Misiones

Misiones Online13/7/2002, Posadas, Misiones.

-El Territorio, 18/4/2000, Posadas, Misiones

-El Territorio20/10/2000, Posadas, Misiones

Fotografía: Tareferas junto a sus hijos/as en protesta. Oberá, Misiones. Diario El Territorio, 2007.


[1]Con esto nos referimos a que, en ocasiones acompañaban la consigna de “precio justo para la hoja verde”.