Una noche, una vivencia y una historia en el campo Gentillini

Contame una Historia

La inmensidad que nos rodea, muchas veces no puede ser apreciada si no es acostados sobre el pasto húmedo, rodeados de ese aroma verde fresco, que solo el monte misionero exhala. En una tarde noche donde los colores del sol, en su variedad de tonos naranja, se van extinguiendo sobre un cielo cada vez más oscuro, para dar inicio al espectáculo visual que el universo nos ofrece en ese contraste entre el firmamento más oscuro y una infinidad de estrellas blancas inmaculadas.

Recuerdo que aflora de mi memoria emotiva, de aquella noche que acampé en la gruta, un espacio alejado de las instalaciones permitidas al público del instituto Pascual Gentillini, en la ciudad de San José, Misiones, donde culminan varias vertientes en una sola corriente de agua cristalina y helada.

Este establecimiento contiene miles de anécdotas e historias de “supervivencia” para muchos que tuvieron la experiencia de alejarse de sus hogares, para asistir en la modalidad de internado.

Si bien no fue por mi propia experiencia pude ser oyente de muchas de ellas. En especial de los grandes esfuerzos que hacían las familias para que sus hijos reciban una educación que les permita ocuparse, en el futuro, de su legado familiar, gracias a la orientación en actividad agrícola pastoril que tiene el instituto.

De esas primeras noches de angustia y llanto que pasaban muchos jóvenes, lejos de sus padres, pues el desarraigo siempre duele (y porque no la de los padres y madres que debían desenlazarse de sus hijos), pero también de cómo fueron fortaleciéndose a base de conocimientos y trabajo arduo. Que eso es lo mínimo que exige el laborar la tierra.

También, de la alegría de aquellos que podían volver a sus casas en vacaciones y de la resignación de los otros, que se quedaban en la “guardia” o de los innumerables veranos en que la pileta del instituto tenía como protagonistas a los niños y familiares que iban a compartir, entre otras.

El Instituto Pascual Gentillini lleva el nombre de su homónimo, Pascual Leandro Gentillini, quien proveniente de Buenos Aires y con conocimientos en agrimensura, compró más de once mil hectáreas, en San José, las que fueron rematadas por el Banco Hipotecario Nacional, en 1896.

El 22 de octubre de aquel año se firmó el boleto de compra del campo de San José, conocida por entonces como estancia Saturno. A su muerte, el 1 de octubre de 1923, y por medio de la existencia de un testamento previo, esas tierras fueron cedidas al Estado Nacional, para que en ellas los Salesianos de Don Bosco hicieran una Escuela Agrícola.

El 23 de febrero de 1927 llegó la comisión fundadora, integrada por los padres P. Juan Bautista Gherra, como director, el P. Francisco Wilczek y los  Hnos. José Miglietta y  Pablo Mujica. Este fue el nacimiento de una institución que, en sus orígenes, debió sortear los desafíos que implican establecerse en una época donde la luz y el agua no eran de fácil acceso, pero que fue consolidándose a base de esfuerzo y trabajo. El mismo que buscaron, desde entonces, inculcar a las generaciones  y generaciones  de alumnos que hasta hoy se educan allí  y que, seguramente, disfrutarán de contemplar las noches más bellas, oscuras y estrelladas.

Por Lic. Priscila Robin, especial para MTH.