Yerba mate y pandemia: cambios en los hábitos de consumo e impacto en la economía regional

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Para los misioneros y habitantes de la región, compartir el mate no implica únicamente consumir una bebida, sino que el acto en sí constituye un elemento simbólico para la sociedad y posee una importante valoración de identidad. Representa la camaradería y recrea el sentimiento de comunidad en un ritual del compartir alimentario, rememorando en este acto el legado guaraní sobre esta planta. Fueron ellos quienes descubrieron la infusión y adjudicaron a la yerba mate varias propiedades además del alimenticio como, por ejemplo, los usos medicinales. Aparece -por otra parte- asociado con ideas de trabajo, a veces como estimulante o como recompensa del esfuerzo y siempre como resultado de la labor productiva del conjunto de actores del amplio sistema territorial del sector.

La pandemia del COVID- 19 trastoca los hábitos del consumo, impactando de manera directa en la “cultura del mate”. El distanciamiento social y las medidas para prevenir el contagio inauguran un hecho inusitado en esta región: dejar de compartir la infusión. La decisión necesaria (y lógica) hasta superar el coronavirus y así volver al hábito nacional.

En los primeros meses de aislamiento, el alza en los niveles de consumo de yerba alcanzó índices promisorios y los guarismos reflejan los mejores indicadores de los últimos 10 años, distribuyéndose 24,3 millones de kilos en el mercado interno, a abril de 2020.[1] Sin embargo, esos valores no se mantuvieron y las tendencias a la baja impactan en la economía misionera. Lo problemas de logísticas para la distribución, la reducción del stock, como consecuencia de la cosecha restringida por las medidas sanitarias explican -en parte- dicha situación. Como contrapartida, el mercado externo se ha potenciado, abriéndose espacio en países como la India.

La denominada ruta de la yerba mate, en tanto potencial turístico también recibe los embates de la pandemia. Museos, restaurantes y atractivos cerrados, constituyen el paisaje por un periodo prolongado en Misiones. El contexto actual profundizó -además- problemas históricos: la asimetría entre pequeños productores y grandes plantadores, la concentración de la comercialización, el postergado sector de tareferos y la apropiación de la renta yerbatera constituyen algunos indicadores de esta realidad.

Al igual que en otros contextos desfavorables a lo largo de la historia, quienes dan vida a la economía yerbatera muestran signos de persistir y resistir. Lo han hecho durante las distintas crisis yerbateras (limitaciones y prohibiciones de cosecha), enfrentado dictaduras como es el caso del Movimiento Agrario y sobreponiéndose con estrategias particulares a la desregulación y el avance del agronegocio. Son signos de que la recuperación será posible.

Por Dr. Lisandro Rodríguez, especial para MTH.

 

[1]Datos disponibles en la página oficial del INYM www.inym.org.ar